Cuando fotografiamos niños, definir un punto de vista adecuado se hace especialmente necesario.

Dada la altura de los niños, cualquier toma realizada desde una posición elevada produce una deformación importante en la visión de su cuerpo. Fotografiar desde arriba a un niño hace que le crezca la cabeza en relación con los pies.

La posición más adecuada para fotografiar niños es de rodillas o agachado. De este modo nos situamos en la verdadera proporción del mundo que les rodea y así podemos obtener una imagen de su rostro definida en la plenitud de las luces y de las sombras para su punto de vista.

Cuando fotografiamos niños, definir un punto de vista adecuado se hace especialmente necesario. Dada la altura de los niños, cualquier toma realizada desde una posición elevada produce una deformación importante en la visión de su cuerpo. Fotografiar desde arriba a un niño hace que le crezca la cabeza en relación con los pies.

En las fotos que ilustran el artículo, los puntos de vista han ido a la altura del rostro de los niños.

La posición más adecuada para fotografiar niños es de rodillas o agachado. De este modo nos situamos en la verdadera proporción del mundo que les rodea y así podemos obtener una imagen de su rostro definida en la plenitud de las luces y de las sombras para su punto de vista

 

 

 

 

María, María mirando la cámara,  María,  María mi amor mira para acá, Maríaaaaaa" y repite una y otra vez la mama o el papa de  María tratando infructuosamente de que María mire la cámara o por lo menos al fotógrafo para lograr una mala foto y el fotógrafo deseando que ese momento pase en segundos y solo consigue lo contrario toda una tarde de tortura tanto para el niño como para el desafortunado fotógrafo. Y el resultado de las imágenes conseguidas igualmente desafortunado,  pues el niño no quedo ni parecido, con una cara de martirio y.. etc.

El anterior es el vivo ejemplo de lo que sucede siempre que se trata de fotografiar a los niños, siempre esperando a que ellos entiendan lo que esta pasando y a ellos lo que menos les interesa es ser fotografiados y mucho menos en determinada pose que igualmente no entienden "para que".

 

Es muy fácil fotografiar niños aunque en la realidad parezca lo contrario: Lo primero que hay que cuidar cuando se fotografía a un niño es que el niño no nos tenga en cuenta, así se comportara naturalmente y lograremos congelar para la posteridad los ademanes y la personalidad verdaderas del infante, total en su inocencia no existen vanidades, ni intereses que lo hagan adoptar posturas falsas.

Es más importante tener en cuenta la luz, la ocasión y todos los elementos que rodean el momento para conseguir distraer al niño y conseguir sus mejores gestos sin presión alguna sobre él. Es aconsejable utilizar lentes Zoom, para no acercarse mucho al niño. Por otra parte si es posible evitar el uso de flash directo para que no cierre los ojos por efecto de la fuerte luz emitida

 

No existe momento especial para fotografiar un niño, todos los días son buenos no importa como esté vestido, lo que esté haciendo, si está despeinado o si el día es soleado o lluvioso, en cualquier momento el niño es un buen tema para una fotografía.

En el instante mismo de la toma de fotografías de los niños, es imprescindible tener en cuenta que las imágenes que consigamos tendrán una importancia invaluable en los próximos años para los padres y para el mismo niño, por que esa edad no se repitirá pero el recuerdo si quedará para toda la vida, entonces en este orden de ideas es responsabilidad del fotógrafo conseguir registrar a la verdadera María, en el caso de nuestro ejemplo.

El objetivo de nuestras fotos son los niños. El resto de elementos resultan una mera excusa para situar su presencia ante la cámara. El uso del objetivo de 50 mm y de un diafragma tan abierto como f/2, conjugados ambos con distancias cortas de enfoque logran que todo aquello que no sea importante quede desenfocado, manteniendo, a pesar de ello, ciertas estructuras y ganando una textura producida por los delicados círculos de confusión que proporcionan estas ópticas.

Si además somos avispados, podemos utilizar el propio fondo como iluminación por contraste.

Un rostro refleja mucha más luz que una pared, que un árbol o que un fragmento de césped, por lo que dicho fondo tiene un tono más oscuro y menos brillante, es decir, más cercano a los valores de las sombras.

De este modo, la acción del desenfoque junto con la falta de brillo de este fondo destaca y potencia el objetivo de la fotografía: el rostro del niño.

La fotografía de personas (entendida en su acepción más amplia, esto es, incluyendo el reportaje y el retrato) resulta complicada y problemática porque obliga al fotógrafo a ganarse el factor humano. Ser aceptado dentro de una comunidad, no ser visto como un intruso, aparecer como alguien irrelevante o casi invisible y sobre todo inofensivo o bien como alguien en quien confiar plenamente durante una sesión de retratos. Estas estrategias son sólo algunas de las más frecuentes entre los fotógrafos que son conscientes de que el éxito de sus imágenes depende en buena medida de que hayan conseguido crear la atmósfera adecuada, aquella que les permite tomar cuantas instantáneas necesiten con total libertad.

Nuestra actitud adquiere por tanto una notable importancia, ya que no conviene olvidar que a casi todos nos provoca cierta violencia sabernos fotografiados. A los fotógrafos no nos gusta reconocerlo pero así es, incluso cuando se fotografía a gente con la que se tiene mucha confianza o que nos es muy próxima notamos perfectamente cómo crece la tensión a medida que se demora el momento del disparo; es muy difícil resistir la fría mirada del ojo de cristal por mucho tiempo, si no se ha creado el clima adecuado, puesto que en realidad no se sabe a dónde mirar; sin embargo, se nos impone tiránicamente que lo miremos.

La fotografía de niños parte también de la misma dificultad inicial. Hay que sabérselos ganar, hacerse con su atención y con su interés, estar permanente preparados para captar sus reacciones imprevisibles y andar sobrado de paciencia e intuición. Los niños presentan la ventaja sobre los adultos de que por regla general se tienen menos estudiados, lo que les permite posar delante de una cámara con una suficiencia envidiable, sobre todo los más pequeños, rara vez se sienten intimidados por una cámara o tratan de dar una imagen estereotipada de sí mismos porque carecen de una noción cerrada y gris de su propia imagen y por ello del ridículo. Los problemas que plantean los niños en los retratos son de otra naturaleza y se deben a su poca disposición a hacer lo que no les gusta y obviamente el juego de hacerse fotos rápidamente pasa a ser tedioso. En este artículo daremos algunas sugerencias para que consigáis mejores fotos de niños, atendiendo a todos los factores que entran en juego: el equipo, la iluminación, la composición, la búsqueda de temas, los retratos, las instantáneas, el álbum familiar y un largo etcétera cuyo punto de partida es ganarse su atención y su colaboración.